La Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina (FATSA) llevó a cabo su 61° Congreso Nacional con la participación del gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof, que compartió el acto de clausura con el secretario general de FATSA, Héctor Daer, sus pares de la Conducción Nacional y los delegados congresales de todo el país».
En su Declaración Final, el orgánico denunció al gobierno nacional que utiliza a «los trabajadores y los derechos laborales como variables de ajuste de un plan económico que hace agua por todos lados», que agrava día a día aún más «una crisis social y económica que atraviesa nuestro país y no puede esconderse en falsas promesas que no se cumplen, ni en excusas discursivas sobre la necesidad de ordenar la macroeconomía».
En el Documento Final del Congreso, la FATSA enfatizó que «no fue indiferente a la embestida del Gobierno», y presentó una lucha constante en todos los estamentos que se sintetiza «en ese grito masivo de rebeldía La Patria no se vende», porque «la Patria son nuestros derechos, son nuestra forma de vida, son nuestra educación, son nuestra salud, son nuestra jubilación y finalmente son nuestra familia”.
El Congreso de la Sanidad Argentina que se realizó el 7 y 8 de mayo en las instalaciones del Hotel de la Sanidad Argentina «Otto Calace» sito en la ciudad de La Falda, Córdoba, «fortaleció a la organización y la unidad» que se vio plasmada en la elección de autoridades del nuevo Consejo Directivo Nacional 2026-2030, el que ratificó por un nuevo mandato a Héctor Daer en la Secretaría General, Miguel Zubieta en la Secretaría Adjunta y Pedro Borgini en la Secretaría de Finanzas, entre otros dirigentes, que si bien impulsaron en su sindicato de base una renovación generacional -como en ATSA BA con Javier Pokoik y ATSA La Plata con Jorte Ropat- como referentes históricos, se mantienen firmes al frente de la lucha en el orden nacional.
La clausura del Congreso tuvo además una fuerte impronta política con la presencia de Axel Kicillof, quien compartió con la conducción nacional de FATSA un análisis sobre la situación del trabajo, la salud y el futuro del país. En ese marco, el gobernador bonaerense dejó una definición que atravesó el sentido del encuentro: «En Argentina estamos los que sostenemos que la salud es un derecho, que nadie puede ser sometido al abandono, al desprecio, al olvido, dejado de lado». Sus palabras reafirmaron la mirada de la Sanidad sobre el rol del Estado, los sistemas solidarios y la necesidad de volver a poner al trabajo, la producción y la justicia social en el centro.
Héctor Daer, por su parte, destacó que el 61° Congreso permitió salir «más unidos, más esclarecidos y con la fortaleza necesaria para seguir construyendo el futuro de nuestra sanidad», y subrayó que cada compañera y compañero regresa a su filial con «la responsabilidad de replicar esta fuerza militante y esta convicción en cada lugar de trabajo». Esa fue una de las claves del encuentro: transformar el debate en acción sindical concreta en cada establecimiento, filial y territorio donde la Sanidad sostiene un sistema que atraviesa a toda la sociedad.
En esa misma línea, la Federación de la Sanidad profundizó su articulación internacional con la participación de Marcio Monzane, secretario general de UNI Américas, y Luca Lindner, director regional de UNI Cuidados. Junto a ellos, trazó un panorama de su participación en UNI Américas y UNI Global Union, con el objetivo de estrechar alianzas regionales y mundiales para defender derechos laborales, fortalecer el poder sindical y ampliar la capacidad de respuesta frente a modelos que intentan precarizar el trabajo, debilitar la negociación colectiva y fragmentar la organización.
El Documento Final del cónclave anual planteó con crudeza el diagnóstico de la etapa. La FATSA advirtió que la Argentina enfrenta «un plan sistemático para desindustrializar la economía y volver a la Argentina pastoril, que sólo produzca materias primas», con cierre de industrias, pérdida de empleos de calidad y multiplicación de los «ubertrabajadores». Para esta organización gremial nacional, no se trata de una crisis accidental, sino de una orientación económica que achica la economía ciudadana, expande la bicicleta financiera y vuelve a colocar a bancos y financistas como «los grandes ganadores».
En esa línea, el Congreso cuestionó que la estabilidad cambiaria se sostenga con salarios bajos y que el equilibrio financiero se busque mediante «un ajuste sin precedentes sobre la educación, la salud, las jubilaciones, la obra pública y el desfinanciamiento permanente de las provincias». También reclamó el financiamiento adeudado a las provincias y advirtió que el deterioro del sector público impacta sobre los salarios y la calidad de vida de los trabajadores.
La Declaración Final ubicó al trabajo como el eje de una discusión más profunda. «En la economía liberal no existe el valor social del trabajo, ni la fuerza dinamizadora del salario», sostuvo la FATSA al cuestionar una visión que subordina la vida de las personas a las grandes inversiones que no llegan y a la especulación financiera. En contraposición a ese enfoque materialista, recuperó el mensaje de Francisco sobre «la importancia social del trabajo», la dignidad laboral y el rol de los Estados para distribuir la riqueza y garantizar justicia social.
LA REFORMA DESTRUYE
Uno de los tramos más duros del texto estuvo dirigido a la reforma laboral. Para la FATSA, la norma impulsada por el gobierno y aprobada por una amplia mayoría parlamentaria «destruye los derechos básicos de todos los trabajadores», multiplica el tiempo de trabajo, reduce el descanso, condiciona las vacaciones y fortalece el poder disciplinario de los empresarios. Además, denunció que busca limitar la acción gremial, condicionar el derecho de huelga, disminuir la protección de los representantes sindicales, atomizar la negociación colectiva y afectar el financiamiento de los sindicatos.
En ese marco, la Federación sostuvo que el ataque tiene objetivos claros: «abaratar el trabajo, fortalecer a los empresarios y debilitar el poder sindical de representación colectiva». Frente a esa ofensiva, reivindicó su rol en cada medida de fuerza, en las marchas junto al movimiento obrero, en los debates públicos, en las comisiones legislativas y en la batalla judicial que lleva adelante su equipo de abogados. «Estamos convencidos de que tenemos razón y los jueces no pueden darle la espalda al mandato constitucional», afirmó el Documento Final.
La FATSA cerró su 61° Congreso con una definición de futuro. Sostuvo que el país tiene derecho a construir una opción política que devuelva la esperanza y demuestre que una Argentina del trabajo, la producción y la igualdad social es posible. «No hay ciclo, por injusto que parezca, que no se agote», señaló el documento, antes de reafirmar que la organización seguirá peleando «por una sociedad igualitaria con trabajo digno y un pueblo realizado en felicidad». Así, el grito de «La Patria no se vende» se volvió síntesis de una convicción: para la Sanidad, la Patria son los derechos, la salud, la educación, la jubilación, el trabajo y la familia que cada trabajador y trabajadora busca proteger.













