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Llega el verano y se caldea la puja sindical de cara al año que recién se inicia. Esta vez mientras el Gobierno presiona por que el Senado apruebe su proyecto de reforma laboral, la CGT ya expresó que “no le pondrá el cuerpo” porque ese es un proyecto del Gobierno.

En cuanto a salarios, la central obrera reclamó que haya una cláusula gatillo en las negociaciones paritarias 2018, atentos a que el 2017, según estadísticas propias, superó el 27% de inflación y prevén para este periodo no menos de un 23%, muy lejos del techo del 15% que quiere imponer el Gobierno.

Entretanto, los despidos públicos y privados le vienen subiendo el tono a la discusión con los gremios más cerca del reclamo enérgico que del diálogo, ante un Gobierno que se muestra proclive a la presión sobre los dirigentes sindicales y sus organizaciones.

En diciembre, el Gobierno logró la aprobación parlamentaria de la reforma previsional que implica rebaja a jubilados, pensionados y beneficiarios de planes sociales. Ahora va por los trabajadores que discuten salarios, con la imposición de un techo del 15%, que dista no menos de 8 puntos de las estimaciones del movimiento obrero. Por eso, el reclamo de activar la cláusula gatillo en las negociaciones paritarias tiene lógica. Vale recordar que el 2017 el techo que buscaron imponer estuvo en el 17% y la inflación (de la CGT) fue 10% arriba de ese cálculo, impulsada por la reiterada suba de tarifas de bienes y servicios públicos, que este año promete reeditarse y tuvo su primer anuncio: el aumento del boleto.

El triunviro Héctor Daer consideró que más allá de la austera intención de la Casa Rosada, las paritarias no podrán estar exentas de una cláusula gatillo para que los trabajadores “no pierdan ingresos ni poder adquisitivo” y acotó “si el gobierno fracasa en sus pronósticos, lo que no podemos hacer los trabajadores es perder ingresos y poder adquisitivo”,

“Las metas que se propone el Gobierno no las viene cumpliendo”, con lo cual -estimó- será necesaria la cláusula gatillo. “Las paritarias tienen que ser paritarias y no un cepo donde el primero que no cumple es el propio Gobierno”, resumió el triunviro que lleva la voz oficial de la CGT.

LA REFORMA PENDIENTE

En febrero, además, el Ejecutivo buscará en sesión extraordinaria la aprobación  de la reforma laboral a la que el Senado le puso un parate en diciembre.

La CGT ya anunció que la reforma laboral es “un proyecto del Gobierno”, con lo cual -afirmó- “si el Gobierno quiere traccionarlo, que lo traccione el Gobierno”. Entretanto, el oficialismo busca que la CGT le ponga el cuerpo al proyecto y comparta el costo político de sancionarlo, algo que no pasará.

El triunviro Héctor Daer precisó que la iniciativa oficial comprende “cuatro temas” de los cuales “tres venían siendo conversados y consensuados, y un cuarto tema que son las doce o trece reformulaciones que tienen que ver con la Ley de Contrato de Trabajo”.

“Esto fue lo que se discutió pero no es un proyecto nuestro”, insistió en remarcar Daer, quien sostuvo que “si el Parlamento le quiere dar tratamiento, se lo dará, y, si no quiere, no se lo dará”.

En este marco, afirmó que “todo el escándalo que se armó con la reforma laboral fue para que pase por un tubo la reforma previsional” y sostuvo que a la CGT hubiese querido “sentarse y discutir” la cuestión previsional porque -postuló- “si había que encontrar soluciones al déficit, las podríamos haber encontrado por otro lado y no sacarle el dinero a los jubilados”.

DESPIDOS

En resumen, la amenaza de disciplinamiento laboral por parte del Gobierno creció con la convocatoria a discutir en extraordinarias la reforma laboral, la represión y criminalización de la protesta para las organizaciones más combativas, la injerencia “judicial” en la democracia sindical y la intención de reducir la cantidad de sindicatos. Para más, en esa ofensiva, se sumó un concierto de despidos. Según el Centro de Economía Política Argentina (Cepa), en diciembre se registraron más de 3 mil despidos. El 60% fueron en el Estado. Dentro del sector privado, la gran mayoría fueron en la industria, y las cesantías en este rubro se duplicaron en un mes.

Así culminó un año difícil para los trabajadores que no pudieron ni celebrar las fiestas ni consolarse con un bono navideño. De sancionarse la reforma laboral, la pelea con el sindicalismo atento a defender las conquistas se renovará mes a  mes.